Es una frase que se repite mucho en consulta cuando llegan las altas temperaturas: “No me apetece comer”, “con este calor solo quiero fruta o cosas frías”. Y lo cierto es que es completamente normal. El verano altera nuestro apetito, y lejos de luchar contra ello, aprender a escuchar a tu cuerpo puede ayudarte a mantener una alimentación equilibrada sin forzar.
¿Por qué cambia el apetito con el calor?
Durante el verano, el cuerpo realiza ajustes fisiológicos para mantenerse fresco:
- La digestión genera calor: al comer, el cuerpo debe procesar los alimentos y eso eleva la temperatura corporal. Por eso, en verano se reduce el deseo de comidas copiosas o calientes.
- El sistema digestivo se vuelve más lento: el cuerpo prioriza funciones de regulación térmica y circulación periférica, por lo que la digestión puede hacerse más pesada.
- Cambios hormonales: el calor puede alterar la secreción de grelina y leptina (hormonas del hambre y la saciedad), modificando el apetito.
- Hidratación prioritaria: el cuerpo pide más líquidos y, muchas veces, la sensación de sed se confunde con la de hambre.
Comer intuitivamente según las señales del cuerpo
En lugar de forzar horarios o platos que no apetecen, el verano es una oportunidad perfecta para practicar alimentación consciente. Algunas claves para ello:
- Respeta tu apetito: no necesitas comer lo mismo en invierno que en verano. Si tu cuerpo te pide algo más ligero, escúchalo. Lo importante es la calidad, no la cantidad.
- Hidrátate con intención: no esperes a tener sed. Infusiones frías, agua con frutas, caldos fríos o batidos vegetales pueden ayudarte a mantener el equilibrio sin recurrir a bebidas azucaradas.
- Apuesta por alimentos de alta densidad nutricional pero digestivos: gazpachos, cremas frías, ensaladas completas, frutas de temporada, pescado blanco o legumbres en versión fría.
- No temas comer menos, pero cuida el cómo: si no tienes hambre por la mañana, prueba a hacer una comida a media mañana. O si por la noche te apetece solo una crema fría, acompáñala con algo de proteína suave. Ajustar no es descuidar.
¿Y si el apetito sigue muy bajo?
Si el apetito desaparece por completo durante varios días o sientes fatiga, irritabilidad o mareos, puede que el cuerpo esté en un estado de estrés térmico o deshidratación ligera. En estos casos:
- Asegúrate de mantener electrolitos equilibrados (agua con limón y sal marina, infusión con jengibre y menta, alimentos con potasio como plátano o aguacate).
- Incluye plantas digestivas suaves como el hinojo, la melisa o la manzanilla fría.
- Valora un ajuste personalizado con un profesional, especialmente si estás en un proceso de recuperación, tienes necesidades especiales o padeces alguna patología.
Escuchar el cuerpo no es dejarse llevar: es acompañarlo
El cuerpo es sabio y en verano simplemente se adapta a lo que necesita. No te frustres si comes menos o si cambian tus preferencias. Escucha, adapta y acompaña ese cambio con alimentos frescos, naturales y fáciles de digerir.
Ideas frescas y nutritivas para días de calor
Si te cuesta planificar tus comidas en verano, prueba con platos que hidraten, nutran y sean fáciles de digerir. Algunas opciones recomendadas:
- Crema fría de calabacín con menta
- Ensalada de lentejas con verduras asadas y aguacate
- Gazpacho de sandía
- Pescado blanco al vapor con ensalada de rúcula y mango
- Arroz integral con tofu y verduras salteadas en frío
- Yogur vegetal con frutas de temporada y semillas
Si necesitas acompañamiento para reconectar con tu cuerpo o revisar tu alimentación de forma integrativa, en CombiClinic estamos para ayudarte. Puedes escribirnos a combicliniccordoba@gmail.com o visitarnos en Córdoba.
